
Se llevó la mano a la boca.
Luego el pie.
Me pregunté en qué momento los niños dejan de ser de goma y se convierten en adolescentes de plástico.
Y en qué momento los adolescentes dejan de ser de plástico y se convierten en adultos de celofán.


- ¡Señorita Martínez! - gritó el calvo desde lo alto de la tarima, aún de espaldas a ella, escribiendo un galimatías en un pizarrón verde - ¿Acaso no se atreve a entrar por la puerta delantera?
- Siento llegar tarde. ¿Puedo pasar?
- Por supuesto, señorita Martínez. La próxima vez intente ser puntual.
