
El cielo se llenó de ruido. Las antenas se estiraron y cubrieron lo poco que quedaba de azul celeste. Las cotorras no dejaban de chillar. Y entonces entendí porqué inventamos el verbo "cotorrear". Los ramas se quedaron sin hojas y los árboles sin ramas. Y los parques sin árboles. Y entonces recordé una canción infantil que cantaba con mi hija todas las mañanas en el coche, mientras íbamos al colegio. Y a lo lejos se oyeron varias explosiones. Creí morir. Pero en realidad fueron otros los que morirían.


