
El abuelo exportaba telas a Francia. Todos los veranos, viajaba hasta el centro, a Aurillac, Allí dejaba todo tipo de telas con la que se fabricaban los paraguas. Al final del verano, en un segundo viaje traía varias partidas de paraguas. La mercería de la abuela fue la primera en Barcelona donde se comercializaron paraguas de Aurillac. Aquel verano (fatídico), el abuelo le trajo a la abuela una cajita de madera para guardar infusiones. Así, que mientras todas las amigas de mi abuela hacían café de pocillo, ella las invitaba a tomar el té y sacaba aquella cajita regalo del abuelo con la que sorprendía a todas las cacatúas del barrio.

